Los orígenes del karité
El karité es un árbol del Africa del Oeste principalmente que puede vivir varios cientos de años. Se encuentra comúnmente en la sabana, en su estado natural, ya que es muy difícil de cultivar. Tradicionalmente, el árbol de karité es venerado por la manteca vegetal que produce pues ésta es una de las pocas materias grasas disponibles para la alimentación y el cuidado de la piel. Este árbol muy resistente se endereza con orgullo contra el desierto y brinda sombra a los hombres y al ganado. Por lo tanto desempeña un papel ecológico esencial en la protección de los ecosistemas locales.
En Burkina Faso y otros países del Sahel, el karité está protegido contra el corte forestal y no se permite tampoco cosechar las frutas en los ramos. Los aldeanos deben esperar hasta que las frutas caigan en el suelo para recuperarlas en el verano y saborear su blanda pulpa. La fruta del karité contiene la nuez de karité propiamente dicha que tiene la apariencia de una avellana grande y un poco estirada pero con una cásacara más fina.

Las mujeres tienen un monopolio sobre la acitividad de cosecha y transformación de las nueces de karité, y muchas veces la manteca de karité que producen con mucho cuidado se conoce como « el oro verde de la mujeres ». En efecto, no solamente este producto les procura multiples beneficios para embellezar su piel y enriquecer sus preparaciones culinarias, pero la manteca de karité representa también una fuente de ingresos esencial para su emancipación.

Sin sorpresa, muchas cooperativas femeninas de ayuda mutual se han desarrollado alrededor de la producción de la manteca de karité. Esta actividad les permite compartir y mejorar sus saberes ancestrales y aumentar su autonomía financiera con un espíritu de solidaridad.



